Después del desayuno George se levantó.
—Marcus, ¿podemos hablar… a solas?
—Uuuuhhh… esto se va a poner bueno —dijo Fabiano echándose un pedazo de pan a la boca mientras sonreía divertido.
Margaret miró a George y luego a Marcus. Sus manos se tensaron sobre la taza de café.
—Está bien…
Marcus se puso de pie todavía confundido por toda la tensión extraña que había sentido durante el desayuno. George caminó hacia el despacho y él lo siguió. Apenas la puerta se cerró, George fue hacia el pequeño ba