Al entrar a su habitación, Marcus dejó las maletas a un lado y empezó a caminar de un extremo a otro completamente incapaz de procesar todo lo que acababa de ver. Pasaba una mano por su cabello una y otra vez mientras recordaba las marcas en el cuello de su madre, la forma en que George la miraba… y sobretodo ese brillo en los ojos de Margaret.
Un brillo que jamás recordaba haber visto. Katrina lo observó desde la cama y terminó sonriendo divertida.
—Amor… harás un hoyo en el piso. Ven, siéntat