La noche llegó lentamente y la cena pasó entre risas, anécdotas y pequeños momentos familiares que llenaban la enorme casa de vida. Marcus observaba a sus pequeños sentados a su lado y, por primera vez en mucho tiempo, sentía esa tranquilidad cálida que tanto había buscado. Ver a sus hijos felices, relajados y compartiendo con su familia le hacía sentir que todo comenzaba a acomodarse en el lugar correcto.—Papi, abuelita nos cocinó cada día, ella cocina muy rico.Marcus sonrió mirando a Margaret.—Así es, mamá siempre ha cocinado muy rico.—¡Siiii! Nos hizo dulces, queques, cositas ricas y comida muy rica con verduras.Marcus abrió los ojos exageradamente.—¿Comieron verduras?—Sí, papi, es que estaban ricas porque tenían forma de dinosaurios.Todos rieron mientras Margaret negaba divertida y George se acomodaba en la silla con orgullo, como si aquello hubiera sido el mejor logro de la historia.—Jajajaja, ya veo… así cualquiera convence niños.La noche avanzó entre conversaciones tr
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