La Tejedora llegó a la sala de la segunda jornada con el cuaderno bajo el brazo y la postura de alguien que durmió con una pregunta y llegó a la respuesta antes del desayuno.
No era señal de que la respuesta fuera favorable.
Era señal de que estaba trabajando.
El Primer Receptor instaló el procedimiento con la misma economía de la primera jornada.
El Último Testigo ocupó su lugar con los ojos entreabiertos — ni cerrados del todo ni abiertos del todo, en ese estado que llevaba jornadas catalogan