Marcos llevaba a Eva a casa. Daba por hecho que regresarían juntos, y no importaba con quién hubiera venido ella. Ahora estaba con él y… bueno, eso ya lo pensaría más tarde, cuando volvieran a la ciudad.De momento, Marcos iba al volante, relajado, con las manos sueltas sobre el volante, lanzando de vez en cuando una mirada a Eva, sentada a su lado.Ella giraba la cabeza de un lado a otro, apretando la cámara entre las manos, capturando imagen tras imagen. Y si por el camino no encontraba nada digno de ser fotografiado, se volvía hacia Marcos y, por enésima vez, lo retrataba conduciendo.—¿También me vas a subir a tus bancos de imágenes? —preguntó él con sorna.—Sí, justo hay un hueco en la sección de camioneros —se burló Eva—. Te paso por Photoshop y gano una fortuna contigo.Marcos sonrió.Le gustaba el viaje, le gustaba la chica y, sobre todo, le gustaban las sensaciones que despertaba en él. Extrañas, agradables y completamente nuevas. Y no solo él lo había notado.—Marcos, estás
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