Cuando entraron en la cubierta iluminada, de la mano, toda la pandilla se quedó en silencio y los miró, atónita, como si acabaran de ver aparecer a una pareja imposible.
Alguien silbó, otro resopló con incredulidad, pero Marcos conducía a Eva con paso firme, sin prestar atención a nadie.
Solo vio una mirada clavada en él: sorprendida, desconcertada y… ¿indignada?
Elena estaba del brazo de Rubén y los observaba como si no pudiera creer lo que veían sus ojos.
—¿Vosotros… estáis juntos? —se le esc