Marcos no regresó tampoco al día siguiente. Le escribió de madrugada diciendo que estaba en la clínica con su padre, que Eva no se preocupara y se fuera a dormir.
Ella se acostó, pero dormir sin Marcos resultó extraño; Eva no esperaba haberse vuelto tan dependiente tan rápido. Le costó muchísimo conciliar el sueño y, aun así, por la mañana durmió casi hasta el mediodía.
No había absolutamente nada que hacer. Las clases habían terminado, acababan de empezar las vacaciones y había pocos encargos.