Eva se despertó muy temprano, cuando apenas clareaba. O, para ser más precisa, casi no había dormido: le había sido imposible conciliar el sueño.
Marcos, en cambio, dormía profundamente, como un tronco. No era de extrañar: ni en sus fantasías más desbordadas ella habría podido imaginar algo parecido a aquella locura.
Eva no tenía la menor idea de qué le había pasado, pero a ese Marcos no lo había visto nunca. Como si en el transcurso de aquella semana lo hubieran cambiado por otro. Incluso la m