El rugido del motor de la lancha, impulsado por Miguel, sonaba ronco y forzado, como si la máquina misma sintiera el agotamiento extremo de sus ocupantes. El agua turbia del río salpicaba dentro, mezclándose con la sangre que manaba incesantemente del hombro de Sebastián. Valentina se arrodilló de inmediato a su lado, presionando la herida con todas sus fuerzas, con ambas manos temblorosas.¡Miguel, no te detengas! ¡Busca un canal oculto bajo los árboles caídos! gritó Valentina por encima del viento.Sebastián tosió, expulsando un líquido rojo por la comisura de sus labios. Sus ojos, normalmente afilados y penetrantes, ahora estaban vidriosos, pero aún así logró aferrarse al brazo de Valentina.El bosque... más adelante hay... un muelle viejo... susurró con su último aliento, antes de dejar caer la cabeza pesadamente sobre los muslos de ella.Tras casi una hora navegando por aquel laberinto de canales que se hacían cada vez más estrechos y estaban cubiertos por una densa niebla, Mig
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