El motor de la lancha finalmente se apagó con un sonido ronco y áspero mientras el casco rozaba el muelle de cemento de una base oculta en la costa de Barranquilla.
Este no era un puerto comercial; era un antiguo almacén de municiones que había sido convertido en un fortín privado por las unidades paramilitares leales a Sebastián.
La pálida luz del sol matutino se filtraba por las rendijas del techo de chapa, iluminando las partículas de polvo que flotaban en el aire.
Sebastián se levantó de