El eco de la explosión del tanque de oxígeno aún resonaba en los oídos de Valentina mientras un denso humo blanco invadía la habitación 901.
El caos era total; los gritos y toses de los hombres de Isabella se mezclaban con el aullido de las alarmas contra incendios que retumbaban en todo el hospital.
Valentina sintió cómo la arrastraban con fuerza hacia el balcón, luchando por respirar entre la nube química.
¡Sal al balcón, Vale! ¡Rápido! rugió Sebastián.
Sebastián llevaba a Don Alejandro sob