El salón del asilo Santa María se había convertido en un horno gigantesco. Humo negro salía de las alfombras incendiadas, creando una cortina mortal que separaba el pasado del futuro.
Sebastián empujó a la Señora Sofía hacia el pasillo de la cocina con la fuerza que le quedaba en su brazo herido.
"¡Corra, Señora! ¡No mire atrás!", ordenó Sebastián, con la voz ronca por el humo y el estruendo del fuego.
La Señora Sofía, con las piernas temblorosas, corrió hacia la oscuridad del pasillo justo cu