Elena apagó de inmediato la pantalla de su móvil y lo dejó boca abajo sobre el colchón. Respiró hondo, intentando normalizar su ritmo cardíaco antes de caminar hacia la puerta.Los golpes volvieron a sonar, esta vez más suaves.—¿Elena? ¿Ya has llegado? Te he guardado algo de cena. También la he calentado, come un poco antes de acostarte —se oyó la voz de Adriana tras la madera.Elena se quedó inmóvil un momento, observando la sombra de su madre a través de la rendija inferior de la puerta. Tragó saliva, esforzándose por eliminar el temblor de su garganta.—Sí, mamá. Primero me voy a dar una ducha, estoy muy pegajosa —respondió Elena. Su voz sonó plana; se esforzaba al máximo para que no se filtrara ningún rastro de emoción.—Está bien. Baja a comer en cuanto termines, no dejes que se enfríe otra vez —contestó Adriana. Sus pasos se escucharon alejarse, bajando los peldaños de madera uno a uno.Elena soltó un largo suspiro y cerró los ojos durante unos segundos. Luego entró en e
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