La casa segura en Valle de Bravo había dejado de sentirse como refugio y se había convertido en una prisión de cristal y madera. Ximena observaba el amanecer desde la ventana del segundo piso, con una taza de café que se había enfriado hacía media hora entre sus manos. Habían pasado cuarenta y ocho horas desde que recuperaron la evidencia de la caja fuerte de Leticia Vega, cuarenta y ocho horas en las que Marcos Aguirre había trabajado sin descanso organizando cada documento, cada grabación, cada transferencia bancaria en un caso hermético contra Viktor Molina y Roberto Solís.Hoy era el día. A las once de la mañana, Marcos se reuniría con el Fiscal General de la República. Para el mediodía, habrían órdenes de arresto emitidas. Para la tarde, todo habría terminado.O eso esperamos, pensó Ximena, tomando un sorbo del café amargo.Detrás de ella, escuchó los pasos de Sebastián bajando la escalera. Se volvió y lo encontró ya vestido con uno de sus trajes oscuros impecables, aunque las oje
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