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La sala de operaciones improvisada en el penthouse parecía haber sido invadida por una tormenta de tecnología y tensión. Tres laptops ocupaban la mesa del comedor, sus pantallas iluminando los rostros concentrados de Rodrigo y Omar mientras tecleaban con una velocidad que hacía doler los ojos seguirlos. Patricio estaba al teléfono con alguien de la Fiscalía, su voz tensa mientras exigía actualizaciones sobre los operativos de arresto. Y en el centro de todo, Sebastián caminaba de un lado a otro