La colonia Doctores a las once de la noche era un mundo diferente al de día. Las calles estrechas se volvían laberintos de sombras, los edificios anodinos se transformaban en fortalezas silenciosas, y cada esquina parecía esconder secretos que la luz del sol nunca revelaría.
Sebastián estacionó el auto blindado dos cuadras antes de la dirección que Omar había proporcionado. Protocolo de seguridad básico: nunca llegar directamente al objetivo, siempre tener una ruta de escape planeada.
—No me gus