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El temporizador marcaba 9:23:47 cuando el teléfono de Sebastián vibró con un mensaje que cambiaría todo el curso de la siguiente hora. Ximena estaba sentada en el asiento del pasajero del Suburban blindado, con los dedos apretando el cinturón de seguridad mientras Rodrigo conducía a velocidad peligrosa hacia la bodega en Tlalnepantla donde Roberto mantenía a Camila cautiva. Habían pasado dos horas y treinta y seis minutos desde que descubrieron la ubicación, dos horas de coordinar con la Fiscalí