28
El penthouse estaba sumido en un silencio antinatural cuando Ximena bajó las escaleras a las seis de la mañana, apenas cuatro horas después de que el video de Roberto había detonado como bomba en sus vidas. Sebastián estaba exactamente donde lo había dejado cuando finalmente se había arrastrado al dormitorio en busca de un sueño que nunca llegó: de pie junto a las ventanas del piso, observando la ciudad despertar bajo un cielo que amenazaba con lluvia, con el teléfono presionado contra su oreja