El penthouse estaba a oscuras cuando llegaron a las 2:47 de la madrugada. Sebastián había insistido en que no encendieran ninguna luz hasta verificar que el lugar estuviera seguro. Rodrigo entró primero, con su arma de servicio desenfundada, revisando cada habitación con la eficiencia de alguien entrenado para situaciones exactamente como esta.
—Despejado —dijo finalmente, encendiendo solo las luces del pasillo.
Ximena entró detrás de Sebastián y Patricio, sintiendo el peso de las últimas horas