—No voy a contestarle a Lucien.
Emilia sostuvo el paquete de cartas contra el pecho.
La casa Salvatierra quedó inmóvil.
La taza rota de Teresa seguía en el piso, derramando té sobre las baldosas como una mancha pequeña y absurda. Céline se había levantado del sillón con el teléfono de Inés en la mano. Aryanna permanecía frente a su hermana, sintiendo cómo la rabia le subía por el cuello.
Lucien había dicho que Emilia no fue retenida.
Que se quedó en La Viña porque temía volver con ellas.
El homb