Capítulo 47En los días siguientes, el dolor no era algo nuevo para Sofía, pero esto era diferente. No era el dolor punzante de una mentira o el frío de una traición; era un desgarro físico que parecía querer partirla en dos.En el ala privada de la Clínica Santa María, las luces eran tenues, pero el ambiente estaba cargado de una urgencia eléctrica.—Respira, Sofía. Falta poco —la voz de Miguel sonaba extrañamente tranquila al lado de su oído, aunque su mano, la que ella apretaba con una fuerza inhumana, estaba tensa.Sofía soltó un grito que se ahogó en las paredes del cubículo. Estaba empapada en sudor, con el cabello pegado a la frente y la sensación de que se estaba desmoronando. En ese momento, no le importaba el Grupo Ríos, ni las amenazas de Melissa, ni los documentos que casi la destruyen. Solo quería que el tormento terminara.—No puedo más, Miguel... no puedo —sollozó ella, con las fuerzas agotándose.Miguel se inclinó, pegando su frente a la de ella. Por un segundo, el mur
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