El fin de semana de Evans había sido glorioso. Luego de darse la gran vida comprando sin mirar el precio, se sentía liviana y poderosa. Jamás pensó que podría permitirse regalarle un auto nuevo a su hijo, pero lo hizo; todo gracias a la desesperación de la infiel de su jefa.—¡Mamá, es increíble! —exclamó Mateo, su único hijo, quien acababa de obtener una beca para ingresar a la facultad de Medicina—. Pero... ¿cómo conseguiste el dinero? Es decir, sé que trabajas duro, pero esto... y todas esas bolsas de marca en la sala...—No te preocupes por eso, cariño. Tu madre ha hecho unos buenos... movimientos financieros —mintió con descaro—. Solo concéntrate en tus estudios. Pronto nos mudaremos de aquí, a una casa mucho más grande, en un mejor vecindario. Te lo prometo.De repente, el timbre de la casa sonó, interrumpiendo ese momento mágico.—Yo abro —ofreció el joven, caminando hacia la puerta.Sin embargo, el muchacho dio un paso atrás cuando se encontró con la inesperada visita. No era
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