Julieta parpadeó repetidamente recordando todo: el golpe, Carlotta, la pelea… ¿Eso era lo que lo tenía tan molesto?
—No es nada —desvió la vista de esos ojos magnéticos que, cuando estaban enojados, parecían poder abrasarla por su intensidad.
—¿No es nada y tienes el labio roto? —su voz se volvió antinatural—. Dime ahora mismo si fue Brandon, porque si es así, lo mataré.
—¡¿Qué?! ¡No! —se alarmó ante la idea—. ¡Por supuesto que no! ¡¿Cómo se te ocurre?!
—Entonces estoy esperando una explicación