Xander Torner estaba perdiendo la cabeza; eso era lo único que tenía claro. Necesitaba escapar de todo este embrollo y llevarse a su hija lejos antes de que la bomba explotara. Porque, después de todo, ¿por cuánto tiempo podría mantenerse una mentira como esta? Estaba segura de que no por mucho tiempo, y menos con una actitud tan imprudente como la de ese hombre.
Cuando regresó a la habitación, su esposo dormía profundamente, ajeno por completo a lo que acababa de ocurrir a solo unos metros de