Un brazo rodeaba su cintura de una forma firme y posesiva. No quería abrir los ojos; no quería despertar ni descubrir que era el momento de irse. Hacía muchas horas que era el momento de irse, pero había estado alargando esto tanto… una hora robada tras otra. Y, de algún modo, quería convertirlo en años. Quería ser Julieta: una mujer nueva, una mujer sin pasado, una mujer sin rencores ni memorias. Pero no podía olvidar su verdadero yo: Elena Silva, la gordita a la que despreciaron y hundieron en el lodo hasta que la muerte fue una mejor opción que la vida.Suspirando, abrió los ojos y decidió quitarse ese brazo que parecía pesar más que el plomo o, quizás, era la manera en la que él se aferraba a ella, diciéndole sin palabras que no permitiría que se moviera de su lado.—Debo irme… —suplicó a la forma dormida del hombre.Él balbuceó de forma ininteligible, bastante perdido en su sueño como para darse cuenta de que ella se estaba escapando. Se puso de pie, recogió su ropa del suelo y s
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