Cuando Xander invitó a Luna a comer helados, ella quiso decir que no; de hecho, iba a decir que no, pero entonces su hija saltó con alegría y no pudo negarle algo luego de haberla visto llorar como lo hizo.Y así, minutos después, se encontró sentada en una heladería cercana, aún en contra de su voluntad. Esto era una mala idea desde todos los puntos de vista posibles. Quería levantarse, detener todo esto y preguntarle a este hombre cómo demonios se le ocurrió presentarse en la escuela de su hija. ¿La estaba vigilando acaso? ¿Cómo era que podía conocer algo tan privado como eso? Sin embargo, eso no era todo. Evans no dejaba de mirarla con ojos codiciosos, como si estuviera considerando aumentar el monto de su chantaje.Xander, sin embargo, parecía haber olvidado el mundo exterior. Se notaba sonriente, relajado, frente a una Luna a la que no dejaban de brillarle los ojos. Era un maestro de la manipulación porque sabía exactamente qué decir para hacerla reír, para hacerla sentir cómoda,
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