Xander depositó a Brandon sobre la cama, mientras ella se apresuraba a acomodar las almohadas.
—Está bien, déjalo allí —dijo, sin mirarlo, tratando de transmitirle un claro mensaje de rechazo—. Yo me encargo de lo demás. Puedes irte.
—Señora Bianchi, necesito unas palabras con usted. —No se movió ni le interesó disimular delante de la empleada, aumentando sus nervios a niveles insoportables.
—Señor Torner, si es algo sobre el negocio que va a firmar con mi marido, lo mejor será que esperemos