Sebastian
La palabra embarazo sigue resonando en mi cabeza incluso después de que el médico carraspea y se disculpa.
—Lo siento, señor Hale —dice, ajustándose las gafas con evidente incomodidad—. Pensé que usted estaba al tanto.
Lo fulmino con la mirada un segundo, pero no por haberlo dicho, sino por haberlo dicho antes que ella. Luego vuelvo a mirarla.
Evelyn está pálida, demasiado pálida, con el cabello desordenado sobre la almohada y los labios apenas entreabiertos, como si aún estuviera int