Clara
Despierto con la sensación de que el aire pesa más de lo normal dentro del departamento alquilado. La noche anterior no dormí casi nada; cada vez que cerraba los ojos volvía a ver el rostro de Sebastian en el porche, la forma en que me sujetó el brazo, la manera en que me miró como si yo fuera basura. Cinco años sin verlo y en menos de diez minutos logró hacerme sentir exactamente igual que aquella noche en Bali: pequeña, expuesta y equivocada.
Me incorporo con cuidado para no despertar a