Sebastian
No creo en coincidencias, menos cuando mi matrimonio está pendiendo de un hilo y, de pronto, el fantasma del pasado aparece en el porche de mi casa como si el tiempo no hubiera pasado.
Clara Whitmore se queda paralizada cuando me ve. Durante un segundo no digo nada, solo la observo, como si necesitara confirmar que es real y no una jugada de mi propia conciencia. Sigue siendo rubia, aunque el tono es más oscuro, menos luminoso que el de aquella noche en Bali. Sus ojos verdes me sostie