AdannaLos latidos de mi corazón estaban tan potentes que, por un momento, sentí que estallaría dentro de mí.Mientras caía, las lágrimas se resbalaban por mis mejillas y eran atraídas por la brisa, al igual que las hebras de mi cabello. El dolor era tan grande que no me importaba cómo caería.De todas formas, era una guerrera entrenada, por lo que la caída no me haría mucho daño.Solo me dejé llevar por el deseo de escapar, por la desesperación de estar lejos de Iker, de todos en esta casa.Ellos me habían traicionado. Yo estaba sola, desamparada, en la cueva del enemigo y a su merced.Antes de cerrar los ojos para esperar la caída, porque de alguna forma sentía que me merecía un golpe brusco que me doliera, pensé que fui muy idiota al confiar en todos ellos.Sin embargo, mi autocastigo nunca sucedió, debido a que fui atrapada por unos brazos fuertes y cálidos, unos que me eran muy familiares y que me hicieron sacudirme al instante, aunque no debería.Forcejeé para deshacerme de su a
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