IkerMúsica, luces coloridas, algarabía, mucha comida, murmullos. Todos celebraban y lucían alegres —entre comillas—, pero yo sabía que también había cierta confusión en el gentío que, en ese momento, bailaba, cantaba, comía y bebía a nuestro alrededor.Estaba seguro de que muchas de sus conversaciones se trataban del nuevo chisme, de lo que habría pasado; preguntándose por qué estaba Isa a mi lado y no Adanna, mi verdadera pareja.—¿No vas a comer nada, amor? —me preguntó Isa, melosa. ¿Desde cuándo tanta confianza?Negué. No tenía apetito.Ahora que lo pensaba, no había comido nada en todo el día y ya era de noche. Y, pese a que a mi alrededor había comida exquisita, de diferentes sabores y formas, yo no tenía deseos de comer.La verdad, ni siquiera tenía ganas de vivir en ese momento.Mi mente estaba en otro lado, en Adanna.Después de desmayarse, se la habían llevado a la casa y yo me había quedado con esa angustia, sin poder hacer nada e incapaz de ir tras ella, aunque mi deseo er
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