AdannaEl sonido de nuestras bocas era lo único que se escuchaba en esta habitación, acompañado de la respiración errática de ambos.Me dejé llevar.Estaba mal, lo sabía, pero no podía contenerme. Ya no era solo Adanna; era mi instinto, mi naturaleza, mi parte salvaje y el anhelo de mi loba, y poco a poco me fui perdiendo en sus besos.Sus manos empezaron a tocar mis muslos. Ese toque se me hacía muy familiar, pues en el pasado, cuando estábamos a solas y la atracción sexual se apoderaba de nosotros, cruzábamos ciertos límites, aunque nos deteníamos a tiempo.Quizás era una tontería de los dos, pero era una ilusión que teníamos: aparearnos cuando yo tuviera su marca y él la mía, cuando ante todos hubiésemos proclamado nuestra unión.Pero eso nunca sucedió, y ahora estábamos aquí, dejándonos llevar, pero sin una relación, con una barrera enorme, con traiciones, mentiras, engaños y recelos.Aun así, no podía evitar disfrutar su toque, la invasión de su boca a la mía y ese sabor que siem
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