Adanna
Estaba paralizada junto a él, observándolo sin atreverme a decir nada. No podía. Tenía que inventarme algo en caso de que hubiese descubierto la verdad.
¿Qué excusa buscaría?
No… eso no podía estar pasándome.
Me relamí los labios y me crucé de brazos.
Traté de mantener la compostura, pero los nervios me ganaron, así que estallé.
—¿Qué haces en mi habitación? ¡Sal de aquí! —le recriminé, haciéndome la ofendida—. ¿Con qué derecho vienes a irrumpir en mi privacidad?
—A mí no me vengas a hab