Furioso, el señor Toledo vio como su hijo mayor caminaba hacia la salida de su estudio.—¡Fernando!, ¡Regresa aquí y toma lo que amablemente te he ofrecido!, ¿Crees que no se qué no tienes nada?, ¡Ven aquí ahora mismo! — dijo entre gritos el señor Toledo.Fernando sonrió de medio lado y le dio una mirada a su padre antes de salir.—Tu no sabes nada de mí, señor Toledo, y solo quiero que sepas algo, jamás he necesitado nada de ti, muy pronto sabrás de lo que soy capaz, dale ese dinero a tu querido Alejandro, él es quien siempre ha buscado quedarse con todo lo tuyo, yo haré lo que me plazca, como siempre lo he hecho. — respondió Fernando dejando solo a su padre que estaba furioso.Caminando por los jardines de su viejo hogar, Fernando sonrió, y viendo como Alejandro le daba una mirada cargada de odio, sonrió aún más. Tanto su hermano como su padre se iban a arrepentir de haberlo despreciado.Subiendo a su lujoso auto deportivo, el apuesto y rebelde rubio tomó su teléfono para iniciar un
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