—Todo sea por verte sufrir, querida hermanita. Te forzaré a asistir a la boda para que veas con tus propios ojos como todo lo tuyo ahora me pertenece. — dijo Ainara con maldad.
Arrojando el vestido a un rincón en su armario, la caprichosa mujer sonrió al recordar al apuesto hermano gemelo de su prometido. El miserable la había despreciado a todas luces e incluso se había atrevido a cuestionar su enfermedad en sus narices, pero todo eso podía fácilmente olvidarlo si lograba meterlo a su cama.
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