En aquel momento sus pensamientos parecían, extrañamente, estar en silencio. Estaba completamente sola dentro de su humilde departamento, la ropa mojada y la bata médica enlodada las había puesto en la lavadora, y Aitana se terminaba de acomodar el cabello en un moño. Fernando la esperaba afuera, pues autoproclamándose un caballero, se negó a entrar a su departamento.
Una sonrisa se dibujó en los labios de la joven médica; aun y cuando Fernando era el hermano gemelo de Alejandro, en realidad er