El sol de la tarde se filtraba entre las copas de los sauces llorones, creando un patrón de luces y sombras que danzaba sobre la hierba. En el claro, el tiempo parecía haberse detenido. Caspian estaba recostado con la cabeza apoyada en el regazo de Isolde, mientras ella pasaba sus dedos por su cabello azulado, deshaciendo con suavidad las capas marcadas que el protocolo de palacio siempre mantenía rígidas. 🌿✨—A veces pareces un sueño, Caspian —susurró Isolde, observando cómo los mechones azules de él brillaban bajo la luz. Su rostro, de esa piel blanca y perfecta, estaba relajado, despojado de la tensión que solía acompañarlo—. Si cierro los ojos, temo que al abrirlos hayas desaparecido, regresando a ese mundo misterioso del que vienes.Caspian soltó un suspiro de pura satisfacción y le tomó la mano, besando la palma con una devoción que le aceleró el pulso a ella. «Si supieras que mi único miedo es que tú seas la que desaparezca cuando la verdad salga a la luz», pensó con una punza
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