Dos días habían pasado desde el incidente del collar, y la mansión Blackwood se había convertido en una jaula de oro. Alistair estaba más irritable que nunca, pero esa tarde, aprovechando que él estaba en una reunión prolongada con el consejo real, decidí salir. Necesitaba respirar aire que no estuviera contaminado por su desprecio.Acompañada por mi fiel criada Ana y Sir Kael, paseamos por la zona comercial de la capital. Al llegar a un antiguo puente de piedra que cruzaba el riachuelo de la ciudad, nos detuvimos a ver el atardecer. El cielo sangraba tonos naranjas y púrpuras, recordándome la libertad que alguna vez creí tener.—¡Oh, no! Milady, olvidé su bolso en la pastelería —exclamó Ana, llevándose las manos a la boca.—No te preocupes, Ana. Ve por él, yo esperaré aquí —respondí con una sonrisa cansada.Sir Kael, cuyos sentimientos por Ana eran un secreto a voces en el servicio, me miró con duda.—¿Me permite acompañarla, Duquesa? Son solo unos metros, pero no me gusta dejarla so
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