El silencio sepulcral que siguió al estrépito de la puerta y al retiro de los guardias fue casi asfixiante, cargado de una tensión que pesaba más que el plomo. Alistair, con la armadura de combate abollada por los enfrentamientos previos y el rostro salpicado de gotas de sangre ajena que comenzaban a secarse, se quedó inmóvil en el centro de la habitación. Su respiración era pesada, errática, como si cada bocanada de aire le quemara los pulmones al entrar. Al ver a Elowen allí, tratando de cubrirse con manos temblorosas, con el labio partido y esa mirada perdida que reflejaba el trauma de los últimos minutos, el implacable "Lobo del Norte" finalmente se rompió por completo.—Elowen… —susurró, y su voz, que siempre había sido una orden firme en el campo de batalla, sonó quebrada, apenas un hilo de sonido lleno de angustia. 💔Se acercó a ella lentamente, midiendo cada paso con una cautela extrema, como si temiera que cualquier movimiento brusco fuera a hacer que ella se desvaneciera co
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