Anna se puso de pie y fue a tomar el plato de la mano de Liam, dispuesta a lavarlo ella misma, pero él le sujetó la muñeca con rapidez.—Yo lo hago —dijo Liam, seco.Anna lo miró sin parpadear, con una mezcla de desconcierto y sospecha en los ojos.—¿Te sientes bien? —preguntó, siguiéndolo hasta la cocina.Liam no respondió. Se concentró en lavar los platos mientras Anna lo observaba sin apartar la vista, como esperando una explicación. Cuando terminó, se dio la vuelta. Sus pasos, lentos y medidos, la acercaron a ella, poniéndola inmediatamente en tensión. Anna retrocedió sin darse cuenta hasta que su espalda chocó con la encimera.—¿Quieres comprobarlo por ti misma? —preguntó Liam, con un tono deliberadamente ambiguo.—¡Para! —soltó Anna, cruzando los brazos sobre el pecho por reflejo.Liam alzó una ceja, con una leve sonrisa dibujándose en sus labios.—¿Y ahora te asustas? ¿No eras tú la que me miraba hace un momento sin pestañear?—Es que… estás actuando raro —respondió Anna, nervi
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