Anna bajó del coche junto a Liam. Ahora eran oficialmente marido y mujer. Cada paso le pesaba como si llevara una carga invisible; la realidad aún le resultaba difícil de aceptar. Todo había pasado demasiado rápido, de forma tan repentina… muy lejos de cualquier futuro que ella hubiera imaginado.
—Anna —la llamó Matilda, enlazando su brazo con el suyo de inmediato. Su mirada era seria—. Escucha bien a mamá —añadió en voz baja pero firme—. Por ahora, tu matrimonio seguirá siendo un secreto. Pero