El silencio llenó la oficina; Rowan parpadeó, una vez, dos, cuatro y diez veces.
—¿Perdón? —Enarcó una ceja y su mirada se volvió peligrosa.
—Quiero un trabajo. —Elara cruzó los brazos; ella no se dejó intimidar y, aunque Thomas le dijo que no sería una conversación fácil, ella estaba dispuesta a todo.
Los ojos grises de Rowan brillaron con algo más que peligro.
—Eso no va a pasar.
—Aún no te dije en qué quiero trabajar. —Elara entrecerró los ojos.
—No importa. —Rowan se levantó lentament