La noticia estalló a la mañana siguiente, no fue gradual, no fue sutil, fue un golpe directo, brutal y despiadado.
En cuestión de minutos, todos los portales, programas de televisión y redes sociales tenían la misma imagen:
Elara entrando a aquel hospital.
Los titulares eran aún peores.
“¿Un pasado oculto? ¿La esposa de Rowan Doone habría interrumpido un embarazo antes de conocerlo?”
“¿Esposa de Rowan Doone una asesina de bebés?”
“Elara Doone solo tiene a bebés de magnates multimillonarios”.
En