–Júlia– llamó Dália mientras jugaba con su osito, sentada en el tocador después del baño.–Sí– respondió Júlia sonriendo, peinando el cabello de la niña.–¿Por qué mamá está tan buena?–Júlia miró el reflejo de Dália en el espejo, así que incluso ella lo había notado.–Antes siempre me hablaba alto, no jugaba conmigo, decía que soy molesta y mimada, pero hoy sonrió, me abrazó, contó historias de cuando estaba en su barriga, ¡y hasta me besó y dijo que me amaba!– los ojos de Dália brillaron de alegría. –¿Ahora mamá me ama de verdad?–Júlia miró esa hermosa sonrisa, y su pecho se apretó. Sabía cuánto Dália siempre había carecido del amor de una madre, y ella no podía ocupar ese lugar, y ahora Carla estaba ocupando ese lugar que tanto deseaba, pero que no le pertenecía.–Bueno... te lo dije, todas las mamás aman a sus hijas, de formas diferentes, pero aman––Papá dijo que mamá no recuerda muchas cosas. Pero si mamá me ama, ¡quiero que se quede así para siempre!–Dália sonrió feliz y genu
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