Tocan la puerta y Maximus vuelve a tomar asiento, abre su laptop ignorando la pregunta sulfurante de Aria.—¡Adelante! —ordena.—Estamos hablando, Maximus —protesta ella.—Esta conversación ha terminado. Debo trabajar.—Jefe, disculpe la interrupción. Tiene una llamada importante que debe atender usted mismo, señor.—Pásala, por favor, y que nadie más me interrumpa. Aria, ya puedes irte.Aria lo mira con desdén y luego mira a Héctor. Se siente humillada, se siente ya no importante en la vida de Maximus. Agarra su bolso y, antes de marcharse, mira nuevamente a Maximus para luego irse toda furiosa.—¿Qué sucedió? Esa mujer se ve botando chispas de ira —comenta Héctor cerrando la puerta.Maximus pasa su mano izquierda por su rostro.—Mmm, hubo una discusión —agrega tomando asiento.—¿Quieres algún consejo?—Estoy lleno de ira, eso es todo.—Vi cuando Rosie salió de esta oficina y, para ser honesto, la vi triste. Sin embargo, la llamada sí es en serio, debe atenderla.—Rosie… esa mujer es
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