Cuando la señora Livingston estuvo a punto de contarle a Rosie lo que había descubierto, la interrumpen.
—Señora Livingston, es hora de su medicamento.
Rosie se quedó con la intriga y miró a la abuela interrogante.
—Asegúrate de que lea la carta y por favor no dejes que se salga de control, te lo pido.
—Señora Livingston debe salir, es hora de que la dulce abuela descanse —dijo la enfermera a Rosie.
—Cuídala, te lo pido. Vendré pronto a verte —mira a la señora Livingston y luego se marcha.