Capítulo 40. La confesión del verdugo.
El regreso a casa fue silencioso.Andrés las dejó en la puerta con una sonrisa de satisfacción, como si acabara de ganar la lotería.—Descansen, guerreras —dijo—. Mañana el gran escándalo va a arder. Olivia bajó del Ferrari sin despedirse. Ayudó a Claritza, que venía temblando, y entraron a la casa.Isabela estaba esperándolas, ansiosa por los chismes, pero al ver la cara de Olivia, maquillaje corrido, ojos de fuego, y a Claritza llorando, se calló la boca y se fue a su cuarto.Olivia sentó a su hermana en el sofá.—Ya pasó, Clari. Ya pasó.—Lo odio —sollozó Claritza—. Lo odio, Oli. Se estaba riendo...Se quedaron allí sentadas, cada una sumida en sus propios pensamientos. Aproximadamente, una hora después de haber llegado, el sonido de un frenazo afuera las interrumpió.No era el motor suave del Ferrari. Era el rugido pesado de una camioneta blindada.Olivia se tensó.Sabía quién era.—Quédate aquí —ordenó Olivia.Salió al porche. El aire de la noche estaba caliente, pero ella sentí
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