Capítulo 39. Vestidas para matar.
El sábado llegó con un calor pegajoso. Olivia no esperó a que bajara el sol. Se encerró en su cuarto y sacó un vestido rojo de la funda.
Era corto, ajustado y tenía un escote en la espalda que llegaba hasta la cintura. Se lo subió con rabia. La tela se pegó a su cuerpo. Se miró al espejo: no se veía bonita, se veía peligrosa. Se pintó los labios del mismo rojo intenso y se delineó los ojos con negro.
En la esquina, Claritza estaba sentada en la cama, pálida, con un vestido color verde puesto. L