Capítulo 55. Sin importar la amenaza.
Mariana se quedó quieta. Su cerebro analítico procesó la información técnica.Pero sus ojos oscuros escanearon el rostro del magnate a centímetros de distancia. Vio la dilatación en sus pupilas celestes. Vio el sudor frío en sus sienes. Vio el ligero temblor en el músculo de su mandíbula apretada.La logística era una excusa perfecta. Era un argumento lógico impecable para su mente de números. Pero Mariana sabía leer el lenguaje corporal.Alexander Voss no le había quitado el arma por miedo a los explosivos C4. No le arrebató el fusil por estrategia. Se lo quitó porque era su sangre.Se lo quitó porque, a pesar del odio, a pesar de la guerra entre ellos, a pesar de que el padre de Víctor ejecutó a su propio padre, el líder de seguridad no podía quedarse de pie viendo cómo alguien le destrozaba el cráneo a su propio hermano. El instinto fraternal, sucio y retorcido, había superado al odio en la fracción de segundo más crítica.Alexander la estaba protegiendo de Víctor, pero también aca
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