Capítulo 51. Síndrome de Couvade.

—Habla de una vez —exigió Víctor. Frialdad absoluta—. ¿Qué veneno usó? ¿Qué sustancia me inyectó esa mujer?

Ivanov tragó saliva con dificultad. Miró a Sergei y luego al gigante en el sofá.

—Cero toxinas, señor —dictaminó el médico. Su voz tembló—. No hay veneno en su torrente sanguíneo. Tampoco hay infecciones bacterianas ni virus. Su presión arterial es la de un atleta. Su sangre está completamente limpia.

Víctor se puso de pie de un solo salto ágil. La furia le estalló en las venas.

Agarró a
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